Goleta Ancud

En finales de 1842, el Presidente Manuel Bulnes encomendó al Intendente de Chiloé de organizar una expedición a la zona, formalmente incluida como parte del territorio chileno desde la constitución de 1822. Se ordenó que se iniciara la construcción de una goleta apta para esa navegación.

La Goleta original se construyó en los astilleros de Ancud, con maderas y mano de obra local. Estuvo lista a fines de marzo y zarpó en mayo de 1843.
Fue bautizada “Ancud” en honor a su puerto de origen. Su construcción tuvo un costo de $1457.11 reales

Era una goleta de dos mástiles con casco de madera, que desplazaba 27 toneladas y estaba armada con cuatro cañones de 40 lbs. Sus dimensiones principales eran 15,84 m de eslora, 3,80 m de manga y 2,78 m de puntal. Llevaba como instrumento de navegación una sola brújula.

La goleta Ancud zarpó del puerto de Ancud el 22 de mayo de 1843. Los tripulantes llevaban consigo víveres estimados para vivir unos siete meses y materiales para el viaje y la puesta en marcha de la colonia que pretendían fundar.

A bordo iban 23 tripulantes, de los cuales, alrededor de la mitad iba a Magallanes con la misión de quedarse en el asentamiento permanente que se creara, por eso llevaban animales de granja para reproducirlos en tierras patagónicas, chivos, dos cerdos, perros y unas gallinas.

Perdieron una de sus dos chalupas durante unas marejadas. Recalaron en un lugar llamado Puerto Americano o Tangbac, en donde también estaban fondeadas dos naves estadounidenses dedicadas a la caza de lobos marinos. Williams intentó sin resultado comprarle al capitán del Enterprise una chalupa y las cartas náuticas levantadas por Robert Fitz Roy, pero sólo obtuvo una negativa para lo primero y permiso para copiar las segundas. Permanecieron en Puerto Americano hasta el 3 de julio dedicados a construir una chalupa y mientras tanto, el naturalista Bernardo Philippi se encargaba de copiar las cartas.

El 26 de julio intentaron pasar la península de Taitao, pero el mal tiempo, sumado a una avería del timón y una grieta a estribor los hizo retroceder y buscar refugio nuevamente en Puerto Americano, al que llegaron el 2 de agosto. Al día siguiente se envió un bote de regreso a Chiloé con la orden de llegar hasta Ancud para conseguir víveres, reparar la pieza del timón e informar al intendente de su travesía. Volvieron 23 días más tarde junto con una lancha que transportaba las provisiones.

Continuaron al sur, bautizando los accidentes geográficos que encontraban y no aparecían con nombre en sus mapas.

Al llegar a la punta Santa Ana, ya en el Estrecho, el 21 de septiembre de 1843, a las dos de la tarde todos los tripulantes de la goleta bajaron a tierra y se tomó posesión formal del territorio circundante en nombre de Chile. Levantó el acta el sargento 2do Eusebio Pizarro y luego de izar la bandera dispararon 21 cañonazos.

Antes de salir a reconocer el terreno hacia el este, el 26 de septiembre dejaron en Santa Ana un letrero grabado con las frases “República de Chile” y “Viva Chile!”. Su viaje de exploración no estuvo exento de dificultades, a causa de los cambios de tiempo y los temporales. Mientras reparaban algunas averías, un grupo de “patagones” levantó campamento frente a ellos y se establecieron relaciones amistosas entre ambos grupos. Trocaron tabaco, charqui y galleta por piezas de guanaco en más de una ocasión. Algunos indígenas subieron a la Ancud durante esos días, pero luego el capitán se lo prohibió porque pedían comida y existía el riesgo de mermar en exceso las provisiones de la nave. Los chilenos se retiraron de aquel lugar el 4 de octubre, cuando ya había amainado el viento; siguieron viaje hacia el este, pero no encontraron otros aborígenes de quienes obtener carne de guanaco ni tampoco lugares con leña abundante y emprendieron el regreso al oeste.

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